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Martes 27/07/2021

Hablillas

Reflexión en negro

Estamos llegando, si no lo hemos hecho ya, a una rutina donde oímos y leemos estos sucesos casi a diario -pudiendo prescindir del adverbio.

Publicado: 13/06/2021 ·
19:39
· Actualizado: 13/06/2021 · 19:39
Autor

Adelaida Bordés Benítez

Adelaida Bordés es académica de San Romualdo. Miembro de las tertulias Río Arillo y Rayuela. Escribe en Pléyade y Speculum

Hablillas

Hablillas, según palabras de la propia autora, "es un blog que trata de detalles comentados en poco más tres minutos"

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El pasado viernes una vela blanca formaba parte de una cadena rogando iluminar redes y móviles por la desaparición de las niñas Anna y Olivia. Ojalá fueran las últimas víctimas. Desgraciadamente no lo serán, porque la mente podrida y la mala condición a veces forman un tándem difícil de separar. Cuando la radio transmitió la noticia del hallazgo de una de las pequeñas, la voz de la periodista se empañó. En ese momento la humanidad y el sentimiento hicieron temblar su profesionalidad bebiéndose tantos años ante el micrófono, perdiendo el control hasta recuperarlo pocos segundos después con la fluidez natural del discurso.

En dos mil once ya pasaron los ocho primeros años de este período donde empezó a contabilizarse el número de mujeres asesinadas por violencia machista, llegando actualmente a ser dos e incluso tres por semana. Pronto se alcanzará la cifra de las mil cien víctimas, pues desde enero de este año rondan la treintena. Da escalofrío. Al pensar en ello el miedo nos ahoga y la impotencia nos derrumba para entrar en una especie de shock. La incertidumbre nos ronda y resulta casi imposible hacer una reflexión por la cantidad de preguntas con una sola respuesta tan breve como generalizada: la educación, un proceso de aprendizaje que empieza en la casa y continúa en la escuela. Sin embargo, se encuentra en el plato de la balanza que va subiendo, porque el otro se va cargando con esas imágenes y videos horribles con víctimas acosadas, acorraladas por los mirones que con sadismo ríen y animan a quien las tortura. También están las matanzas en los institutos, las violaciones y tantos horrores más. Hasta cuándo, pensamos con desespero.

Estamos llegando, si no lo hemos hecho ya, a una rutina donde oímos y leemos estos sucesos casi a diario -pudiendo prescindir del adverbio. El tiempo que transcurre en pasar de una columna a otra en un periódico, en un pc o bien apreciar el cambio de apartado en una escaleta es menor a un segundo y sin embargo es un silencio tan largo que se extiende durante el día hasta arañar el sueño nocturno, metiéndonos en un bucle donde la reflexión quiere imponerse sin lograrlo, porque la actualidad no lo permite, porque las noticias nos ubican y al mismo tiempo nos descolocan.

Este fin de semana son innumerables los artículos firmados condenando los últimos actos de violencia machista, aludiendo en algún momento y tácitamente a los actos anteriores. También se aprecian el miedo y la impotencia entre las líneas, sentimientos que desde hace años tienen hueco en la rutina, hueco que agranda el silencio de una reflexión en negro.

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