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Martes 16/08/2022
 

El jardín de Bomarzo

Sueños en la tierra media

El presidente moldeará su gobierno con los retoques necesarios que afiance esa imagen suya pretendida de moderado y moderno

Publicado: 08/07/2022 ·
09:22
· Actualizado: 08/07/2022 · 09:22
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Bomarzo

Bomarzo y sus míticos monstruos de la famosa ruta italiana de Viterbo en versión andaluza

El jardín de Bomarzo

Todos están invitados a visitar el jardín de Bomarzo. Ningún lugar mejor para saber lo que se cuece en la política andaluza

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El enorme resultado electoral cosechado por el PP el pasado 19J ha resultado tan demoledor, tan inesperado porque una mayoría absoluta sobrada no entraba en los planes de casi nadie que digerirlo y medir sus consecuencias no es tarea de un día. El presidente moldeará su gobierno con los retoques necesarios que afiance esa imagen suya pretendida de moderado y moderno para enfrentar septiembre con presupuestos nuevos, un gobierno sólido en Andalucía para emprender reformas en materia educativa en el ámbito de la FP, simplificación en los trámites administrativos y posible bajada de impuestos para equiparse con Madrid, y dos retos políticos para este 2023: ayudar en la victoria de su partido desde el trampolín andaluz para gobernar España, necesariamente en este caso con el apoyo de Vox, y enfrentar el ciclo electoral que terminará en mayo de ese año con las elecciones municipales en Andalucía y que, ya se ve venir, le convertirá en objetivo político de otras formaciones. Es el caso del PSOE, que tras el fiasco cosechado en Andalucía y el escalofrío que recorre Ferraz ante el derrumbe de la marca Pedro Sánchez, afronta con más sombras que dudas el reto del próximo curso porque perder España y ceder municipios importantes y/o diputaciones terminaría por confirmar tanto el ciclo negativo como la necesidad de una urgente refundición.

El CIS refleja en su estudio de esta semana que nada menos un 17,5 de los votantes socialistas de 2018 le votó este pasado 19J al PP, en parte en esa idea promulgada por el propio Juan Espadas sobre el voto útil para frenar a Vox y que encaminó a votantes suyos hacia el PP y, en parte, por el desgaste evidente que sufre una marca a día de hoy alejada de las nuevas generaciones, mal posicionada frente a la comunicación que hacen otros partidos en redes sociales y muy desgastada por lo que proyecta un gobierno central que, bien es cierto, ha atravesado una crisis sanitaria con el Covid y sus consecuencias económicas y eso desgasta. Todo junto provoca que el PSOE andaluz enfrente una situación difícil, con casi un veinte por ciento de sus votantes tan desencantados como para haber cogido la papeleta del PP y los muy cafeteros jamás harían eso, todo ello a un año de municipales y en juego ocho diputaciones provinciales, seis de ellas hoy en manos del PSOE.

El PP está ya en esa cuenta, primero decidiendo las candidaturas pendientes en ciudades importantes y, segundo, haciendo números por partidos judiciales porque sabe del poder político de las diputaciones, de hecho gobierna en dos como son Málaga Almería y, casualidad, controla todas las localidades importantes de estas provincias, incluidas Málaga y Almería desde hace mucho; su gran reto es Sevilla, cuna del socialismo andaluz, de donde han salido aprendidos buena parte de los mejores estrategas políticos del PSOE y donde este partido está ferozmente enraizado en todas y cada una de las pequeñas agrupaciones que hacen provincia. Ganar la diputación de Sevilla para el PP sería como volver a saborear las miles de esa mayoría absoluta lograda, pero sabe que esa cuenta es muy complicada y que el PSOE se resistirá con uñas a dientes a ceder ahí.

Granada es otro objetivo, ya la tuvo y la perdió y ahora entiende que con los números actuales la puede reconquistar, como también tiene sus opciones de pelear la de CórdobaJaén y Huelva son otras provincias donde el PSOE no ha cedido jamás el control, pese a que el PP ha gobernado y durante mucho ambas capitales de provincia, si bien el reparto por agrupaciones solidificó a un PSOE que a través de históricos como Gaspar Zarrías, en Jaén, o el recientemente fallecido Javier Barrero, en Huelva, logró siempre mantener el poder de sus diputaciones. Ahora la situación es otra, tanto la de Paco Reyes en Jaén, que ha luchado por continuar pese a que su entorno más cercano, como la número dos del PSOE-A Ángeles Férriz, le animara-invitara-recomendara a marcharse para disgusto del bueno de Paco, como la de Huelva, donde María Eugenia Limón, Maru, su presidenta, se ha hecho con el control tras la salida de Ignacio Caraballo y haciendo tándem con María Márquez ha logrado mantener las riendas del partido, pero a las voces críticas que en la provincia han existido este tiempo se suma esta corriente de voto hacia el PP inesperada, apabullante e inquietante en una Huelva donde la diputación lo es todo, sobre la que bascula el poder orgánico y político. En resumen, la que genera alcaldías.

Lo de Cádiz es sabido. Ruiz Boix se ha hecho con la presidencia y de entrada busca contentar a todos abriendo su gobierno hacia una vicepresidencia tercera para Jerez -Carmen Collado- y una cuarta para Alcalá -Javier Pizarro-, dando Hacienda a Víctor Mora -alcalde de Sanlúcar, que sustituye como diputado a Irene García- e intentando apaciguar todas las sensibilidades como equilibrista que, dicen, es: los equilibristas que se caen, pese a que se levanten, no son buenos equilibristas, lo son aquellos que no se caen, ejem... Boix ha mostrado la fortaleza y el empeño de conseguir ser secretario general y presidente de Diputación y tiene la orden del partido, menuda bronca les metió Santos Cerdá, de repartir paz y crear un proyecto común e integrador, pero contentar a tantos reinos en Cádiz con el PP haciendo la cuenta por partidos judiciales y con el posible apoyo de Vox no parece tarea fácil, menos para un perfil como el suyo que se ha echado sobre sus anchas espaldas tanta cosa: alcaldía de San Roque, donde repetirá, secretaria general del partido, presidencia de diputación y, no hay que olvidar, bombero oficial ante todo amago de fuego que las apreturas puedan provocar en una provincia donde hobbits y orcos tienden a citarse en disputa de manera cíclica. Cosas de la tierra media

Otros partidos lo enfrentan mucho peor. Ciudadanos intentar auto convencerse de que una refundición cara a las municipales es posible, lavando su marca e imagen para mantener cierto latido en este corazón que representan los cabildos. Complicado. Mientras que Vox aún se cuestiona qué ha pasado y cómo le afectará cara al futuro, con Macarena Olona en Andalucía intentando controlarlo todo y jugado un papel para el que no estaba preparada y esperando, quizás, hallar la manera de justificar su regreso a Madrid sin que la formación pierda brillo en ello y, por esto, quizás deba aguantar hasta después de lo de Santi en generales. 

Y sobre todos, en definitiva, avanza la necesidad de agosto, piscina o playa, escaparse, hundir los pies en la arena buscando lo fresco, disfrutar de lo bello al gusto, pringarse los dedos desbrozando una sardina con vistas al azul del mar y con esa brisa acariciando la salinidad de la piel al tiempo que un sorbo de vino fresco nos traslada al mundo de los sueños. Sueños en la tierra media, esta nuestra que no es ficticia como la de Tolkien pero en la que, qué carajo, tan bien se está.

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