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Sábado 31/07/2021

Sindéresis

Opra, romá

Los gitanos también tienen muchos prejuicios infundados respecto a los payos, es cierto.

Publicado: 14/03/2021 ·
21:25
· Actualizado: 14/03/2021 · 21:25
Autor

Juan González Mesa

Juan González Mesa se define como escritor profesional, columnista aficionado, guionista mercenario

Sindéresis

Del propio autor: "Toda ideología que no puede comprender un niño es un engaño para los adultos"

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Después de cientos de años de persecución y recelo, el pueblo gitano ha sobrevivido en base a los muy anarquistas principios de apoyo mutuo y de un humanismo reivindicativo que trascendía las fronteras de los estados. Lo que era norma y sentir en Francia, no podía dejar de serlo en España. El romaní, en sus distintas versiones, y la sangre, unía a un pueblo mucho más allá de una expresión de raza, sino también de circunstancia. Por eso en la bandera del pueblo gitano hay una rueda de carro, porque esa es la circunstancia que los une más allá del color de piel: la necesidad de libertad y conexión transfronteriza, a veces buscada y a veces forzada por el rechazo del mundo payo.

La solidaridad del mundo caló es, por tanto, además de una necesidad de defensa propia, una circunstancia de clase social, y no solo porque quieran, sino porque enfrentan problemas comunes de índole socieconómica. La mayoría de los gitanos son de clase obrera o pequeños autónomos; una muy limitada minoría son empresarios y algunos se dedican a la función pública. Podríamos decir lo mismo del movimiento feminista, ya que las mujeres, históricamente, además de enfrentar problemas de clase social, enfrentan problemas de prejuicios estructurales. Y los gitanos, queramos verlo o no, y aunque no haya leyes racistas que los discriminen (aunque las ha habido, y muchas), enfrentan los problemas de la clase obrera en medio de una crisis, y al mismo tiempo enfrentan un racismo estructural y social que les hace más difícil ser aceptados en un puesto de funcionarios, en una empresa, a la hora de alquilar un piso, etcétera.

Los gitanos también tienen muchos prejuicios infundados respecto a los payos, es cierto. Atribuyen a la naturaleza de los payos las crueldades de un estado frío y unas leyes frías que a veces se equivocan, y de unos poderes fácticos sin sentimientos, y las aberraciones antinatura que a veces nos llegan desde los telediarios. Los payos son violadores porque un payo viola. Los payos son pedófilos porque un payo es pedófilo. Este retorcimiento de la realidad es parecido al de los regímenes comunistas, donde cualquier mal aberrante se atribuía al capitalismo, lo que les obligaba a esconder bajo la alfombra a sus Andréi Chikatilo. Pero esto se tiene que acabar ya, en los dos sentidos.

Se tiene que acabar el racismo y eso pasa no solo por acabar con las malas intenciones, sino con el paternalismo blanco. Que estamos en España, en el siglo XXI, no en una misión en las Indias Occidentales, y se tiene que acabar que el Secretariado Gitano sea una obra social de la Conferencia Episcopal y el Opus Dei, porque eso es mundo payo y, además, interesado económicamente en el asunto. El Secretariado Gitano ya es a todos los efectos una empresa blanca con inmuebles y personal contratado, y podría devenir en una estructura de poder cuyo objetivo fuese ayudarse a sí mismo y su excusa fuese ayudar a otros. Nos suena esa música, ¿verdad?

En estos días nos hemos enterado de que VOX planea que el antisemistimo y el racismo ya no sean observados como delitos. Quieren ser abiertamente racistas y quieren tener de su lado a la blanca Iglesia Católica de Roma; frente a eso, solo hay una roma que me interese, y es con la que saluda este pueblo: ¡Opra, romá! Estamos a vuestro lado y no os tocarán un pelo. Salud y libertad.

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