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Sábado 31/07/2021

Sindéresis

Versión del director

Al fin y al cabo, los leminos se suicidan en masa porque esa es la versión de la productora, y la siguen de modo irreflexivo.

Publicado: 21/03/2021 ·
21:35
· Actualizado: 21/03/2021 · 21:35
Autor

Juan González Mesa

Juan González Mesa se define como escritor profesional, columnista aficionado, guionista mercenario

Sindéresis

Del propio autor: "Toda ideología que no puede comprender un niño es un engaño para los adultos"

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La semana pasada hemos podido ver el resultado del proyecto que Zack Snyder planificó para La liga de la justicia, y que había quedado mermado y ridiculizado por la decisión de la productora de meter tijera a cualquier precio artístico. La película resultante no es una obra maestra, pero al menos tiene sentido e intención. Y eso es lo que pasa cuando un proyecto cinematográfico pertenece a quien fabrica y no a quien financia.

Este conflicto sucede mucho más a menudo de lo que generalmente llegamos a enterarnos. Recuerdo cuando Guillermo del Toro vino a Cádiz a dar una charla en el contexto de la HISPACON, y comentó cómo los productores se habían adueñado del resultado final de Mimic. Del Toro finalmente solo se hacía cargo de la estética escenográfica de la película, pero ni del metraje ni de la resolución, ni casi de los diálogos. Allí aprendió a decir que no, y nos animaba a usar esa palabra cuando nuestra firma iba a ligarse a algún proyecto. Más adelante, al rodar Blade II, producción le pidió que alargase el duelo final entre protagonista y villano, y Guillermo del Toro dijo que preferiría cortarse la polla, echarla en una picadora de carne y dársela de comer a su perro. Y se impuso.

Decir que no. Importante. Imprescindible en la vida de uno, no solo en el control de su carrera y sello artísticos, sino en decisiones sobre las que no habrá más responsable ni damnificado final que nosotros mismos. En las encrucijadas vitales, el entorno, la sociedad, personas a título personal e incluso la ley nos presionan para que nos quedemos cortos o nos pasemos de largo; son la productora de nuestra vida, y, en muchas ocasiones, no tienen ni puta la idea de lo que hablan. Si quieres ser el director de tu propia vida, debes aprender a decir que no, y, por supuesto, debes prepararte para las consecuencias.

Como en el magnífico relato de Herman Melville, Bartleby el escribiente, es posible que tu alrededor no esté preparado para la insumisión, activa o pasiva, y acabes retrayéndote por mera incomprensión, y pierdas, y no controles siquiera tu propia vida, porque, al fin y al cabo, los demás no te lo permitan de ninguna de las maneras. Habrá decenas de autores que dijeron que no, de los que no tenemos noticia porque fueron inmediatamente sustituidos. Para exponer la mejor versión del director hay que mantener una constante predisposición al combate, y la perspectiva de saber que nada dura eternamente, y hay que desarrollar astucia y talento. La corriente no tiene otro oficio que arrastrar, y sin ninguna oposición, jamás se modifica a sí misma, sino que modifica el cauce de los ríos. Las raíces de la maleza, las piedras nuevas, los troncos caídos y la labor de los castores, tales cosas pueden dar la batalla contra la corriente, pueden resistir o marcar la diferencia. Así la astucia y el talento.

Y esto puede servir de ejemplo y avivar otras vidas. Guillermo del Toro con su charla, Zack Snyder con su empeño, y tú mismo, con tu asertividad, podéis conseguir que el resto, que vuestro entorno, diferencien lo correcto de lo inerte, lo imposible de lo inaudito, y, en el fondo, algo cambie. Podéis formar un meandro donde sea más fácil la reflexión pausada, podéis conseguir descanso para otros, podéis inspirar voluntades y que los procesos gregarios, asamblearios o democráticos, se transformen en una comunión de pareceres, y no en una bandada o manada de animales migratorios.

Al fin y al cabo, los leminos se suicidan en masa porque esa es la versión de la productora, y la siguen de modo irreflexivo. El día que la capacidad de rebelarte se transforme en conciencia personal dentro de ti, tu no será consciente y útil, tu proyecto, fracase o no, será tuyo, y tu historia será algo digno de contemplar. De otra manera, cuando acabe tu película, es posible que quieras que ni siquiera tu nombre aparezca en los créditos. Y no hemos venido al mundo para ser el figurante en la película de otro. 

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