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01/08/2021

Tambucho y Emparrillao

La cuesta de enero

La llegada al Turmalet coincidió con un fármaco que ofrecía garantías saludables a los más longevos, profesionales sanitarios y grupo de mayores riesgos...

  • Vacuna.

Antes de comenzar el nuevo Tour 2020, se hicieron todos los preparativos para afrontar acontecimientos y problemas que pudieran surgir, porque al finalizar el anterior, en noviembre de 2019, llegaros noticias que, en un país asiático había surgido un pequeño enemigo, del que no se tenía constancia pero que era sumamente peligroso.

A pesar de encenderse todas las alarmas, los responsables pensaban que había total seguridad. Las primeras medidas no fueron del todo eficaces; bien porque no se actuó con la contundencia necesaria, o por desconocer la virulencia de tan pequeño enemigo, del que solo se conocían su nombre en clave y numeración 19, pero las empresas patrocinadoras, proveedores y demás sectores implicados, decidieron anteponer la economía en detrimento de la seguridad general.

Las imprecisiones del principal responsable y las banalidades de los directores regionales, se enzarzaron en absurdas contradicciones: hoy decían una cosa y mañana otra. La organización ponía unas normas y cada equipo hacía lo contrario. Razón por la cual, patrocinadores, profesionales, competidores y público en general, ya estaban cansados de tanta polémica. Nadie podía imaginarse que tras vivir tan amarga experiencia, el Tour de 2020 iba a ser tan fatídico y despiadado. La euforia colectiva, los brindis al sol y las fiestas que debieron prohibirse, se transformó en un pandemónium nada recomendable, que puso en peligro todas las medidas, y para evitar riegos contaminantes, se utilizaron mascarilla que provocó nuevas complicaciones de marcas, precios y eficacia.

Ninguno quería ser “farolillo rojo”. Todos pretendían el “maillón amarillo” para el equipo que representaban. La vuelta se convertía en una carrera de obstáculos, permitiéndose cualquier infracción, zigzagueos descontrolados, descensos temerarios, curvas peligrosas y cambios de ritmos; mientras que los datos y gráficos de los resultados eran cada vez más elevados, sembrando serias dudas en los propios comentaristas. Cada uno por su cuenta y riesgo, pretendía llegar el primero utilizando todas las artimañas y trucos de la profesión. La paranoia colectiva era conquistar el pódium a cualquier precio, provocando en los más veteranos un pedaleo insostenible que aceleraba la respiración, y ante la falta de asistencia y materiales, morían asfixiados solos y olvidados en las cunetas. Porque lo más importante para los dirigentes, era alcanzar la meta a cualquier precio.

La llegada al Turmalet (la cuesta de enero), coincidió con un fármaco que ofrecía garantías saludables a los más longevos, profesionales sanitarios y grupo de mayores riesgos. Pero la poca deportividad de algunos cabecillas que no respetaron el protocolo, fue –como dijera un rechoncho Consejero de la federación andaluza–, la de inyectarse el “culillo” de cada ampolla. Y un líder madrileño; seguramente dopado, dijo: “en una pandemia los equipos no pueden quedar descabezados”, cuando eso hubiera sido lo mejor. Así que seguimos pedaleando en la incertidumbre de cómo acabará el Tour infernal-2021.

Y cambiando de tema, esto va de parte del ‘Niño el Palaustre’ y ‘la Víbora Voladora’:

Fue tan sencillo su arte que la R de Rivera la elevo hasta lo más alto. / Se negó a colaborar en tomate y corazones para no hacer el payaso. / Nunca tuvo nada suyo, ayudaba a los más pobres ofreciéndoles su casa. / Inexplorado poeta, filósofo de la viva, barbateño hasta las trancas. /Era profeta en su tierra, sus amigos le adoraban y toreaba a la vida como le daba la gana.

A JOSÉ RIVERA “RIVERITA”, allá donde esté.

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